sábado, 8 de mayo de 2010

Viaje. Inconveniente. NOOOOOO !


Mi papi se veia mas o menos asi. Estava REALMENTE muy bravo...

El aire es muy pesado, hay mucha gente, todos estamos en un mismo lugar y no hay nada que hacer más que dormir, escuchar música, hablar con el prójimo o simplemente jorungar tu computador para escribir pendejadas – como yo. Me encuentro en un avión rumbo a Venezuela, junto con mi mama, y no precisamente para viaje de placer o porque es muy divertido ir a mi país en esa época. Nos encontramos en el vuelo 7264 de VARIG en parte por descuido mío y por desinformación de los entes gubernamentales de Brasil.

Si. Cometí un delito. No me refiero a robo, o hurto, o asesinato, nada de eso; simplemente comta el agravio de cambiar de universidad, sin autorización del Gobierno Federal de Brasil. No sabía, realmente que estaba violando una ley, nadie me dijo nada, y nadie me impidió de haberme inscrito en otra institución. En fin, la vaina es que mi papa se molesto mucho cuando se entero de que no me iban a prorrogar la visa por esa causa. Se imaginaran como el Sr. estaba y el ambiente medio incomodo que hubiera en la casa. Como le había dicho a un amigo ayer: “parecía que estuvimos en guerras, bombas aquí y allá, luego llega la tregua, y después acaba la guerra… Papa parecía la Unión Soviética, fría y calculista, y yo Estados Unidos”. Gracias a los Dioses telúricos y de que soy una chama estudiosa y juiciosa que tengo (como Estados Unidos) un aliado, mi mama (seria Inglaterra). Mi hermano, en este caso representaría un país neutro.

Lo único bueno del viaje (el cual fue pensado de una hora para otra, in the very second), en este caso, es que veremos a mi abuela, la cual, por cierto, salto en una pata cuando mi mama la llamo para decirle que íbamos para Caracas; también es que llegamos justo en el día de la madres; y lo otro bueno es que, después de un ano, comeré cachapa… Se me hace la boca agua tan solo pensar en eso.

No creo que pueda ver a algunos amigos, mi mama ya me dijo que POR FAVOR no le creara un avispero en la cabeza, por todo aquello de la inseguridad y los rollos que – a diario – se forman en Caracas; sin olvidar también que el poco dinero que tenemos es, exactamente, poco como para gastar echando vaina por ahí… En fin, creo que con visitar a la reina madre (o sea, la abuela) es suficiente.

Ahora en Tierra

Estoy con mi abuela y mi ma’, con mis tíos y, pues estoy bastante feliz y menos preocupada que hace unas 24 horas. Realmente han sido unos días híper tensos en casa. Felizmente, ya estoy en el gran infierno en la tierra que se llama Caracas, esperando resolver rápidamente todas las diligencias que preciso para quedarme en Brasil por otro ano más.


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